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Taller de grabado en madera del 23 al 26 de abril


19 de Abril de 2012

Presagios. Viernes 13 de abril 2012 8pm. Mezcalería Cuish. Díaz Ordaz 712 Centro, Oaxaca


Superstición y muertes curiosas

Por Tryno Maldonado

La muerte tiene métodos y tiempos curiosos, parecieran advertirnos los grabados de César Chávez en Presagios. Está visto una y mil veces a lo largo de la historia. Ahí está Plinio el Viejo, que emprendió una excursión al monte Vesubio en plena actividad volcánica, entre temblores, humaredas y una lluvia de fuego sobre su cabeza. Pero no fue la erupción ni el torrente de lava que arrasó Pompeya los que le quitaron la vida al antiguo sabio. El Viejo murió, tal como lo relata su sobrino Plinio el Joven en sus cartas a Tácito, de una crisis cardiaca provocada por el espanto de la erupción. Algo parecido --estar en el lugar y en el momento menos indicados-- le sucedió a Magallanes. El navegante portugués estaba muy cerca de convertirse en el primer ser humano en haber circunnavegado el globo terráqueo. Habiendo sobrevivido a los amotinamientos de su tripulación, a la hambruna, al temible escorbuto y a la furia de los mares más embravecidos, luego de bautizar las aguas del Pacífico y conocer horizontes que hasta entonces ningún ser humano podía soñar siquiera, Magallanes fue a perder la vida en las Filipinas al entrometerse estúpidamente en una pelea entre tribus donde nadie lo mandó llamar.

Del mismo modo, las escenas que elabora César Chávez están plagadas de este tipo de desgracias. Catástrofes impensadas, catástrofes domésticas, catástrofes siempre individuales --y quizá por ello mucho más inquietantes-- a punto de ocurrir. Escenas llenas de presagios de estas mismas catástrofes que se regodean en su propia inevitabilidad. Algunas de estas escenas son, como las de Plinio o Magallanes, muertes absurdas pero espeluznantes. Un hombre a punto de naufragar en una balsa. Otro, más desdichado, un momento antes de ser devorado por un tiburón. Armas de fuego a punto de ser disparadas o justo después de haber sido disparadas. Armas blancas que vaticinan la muerte. Perros lascivos saboreándose un banquete mórbido. Un muestrario de episodios perturbadores y a veces insólitos que revelan mucho de los solitarios personajes alienados de César Chávez. Incendios, inundaciones domésticas, signos de hecatombes vengativas a manos de un universo oscuro y malvado que conspira contra la vulnerabilidad de los seres humanos y su incapacidad para dotar de sentido a estas fuerzas terrenales. Muertes, en fin, trágicas y que ponen en evidencia ya sea el presagio de un baño de sangre o el segundo inmediato después de que éste haya sucedido, pero nunca exentas de un humor oscuro y vitriólico.

La otra gran vertiente de Presagios es la de la superstición, las leyendas urbanas vueltas prácticamente un decálogo de axiomas arraigados en la creencia popular a través del tiempo. Una mariposa negra que cruza los cuatro puntos de una habitación como vaticinio de una muerte inminente. La tragedia caída como un alud por haber orinado en la tierra de una planta con un pájaro posado en la punta. El gato negro recurrente como símbolo de mal agüero. La escalera debajo de la que no hay que cruzar. Son algunos de los mecanismos de la superchería popular para tratar de hallar coherencia y sentido a las catástrofes cotidianas dentro de un universo maligno que simplemente no lo tiene.

Si bien los elementos de las anécdotas en los grabados de Presagios se nutren en buena parte del imaginario del periodismo de nota roja (que ha fascinado en México a grabadores desde el siglo XIX hasta la cultura pop de nuestros días), no hay que dejar de ver que existe una fuerte personalidad y una gran coherencia narrativa en la obra de César Chávez mucho más avecindada con la novela gráfica por su afán argumentativo. Esta fuerza narrativa desborda la mera anécdota o la viñeta y, en cambio, constituye un mosaico, un continente cada vez más amplio y en constante progreso que se deja leer con la misma ambición de una gran novela salvaje, oscura y violenta. Una novela del horror cotidiano que campea por la oscuridad de este mundo.

Ejemplos de lo cáustico, ridículo, absurdo e inopinado que puede llegar a ser la muerte, como las de Plinio o Magallanes, parece decirnos César Chávez, es lo que sobra. Y él se ha aventurado a mirar en ese abismo.

13 de Abril de 2012

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